¿Siete de Espadas = engaño? Por qué el Tarot no funciona como un diccionario

Sacas el Sie­te de Espa­das. Una rápi­da mira­da al dic­cio­na­rio de car­tas: Esca­bul­lir­se. Astu­cia y enga­ño. Frau­de. La preg­un­ta era sob­re tu rela­ción. ¡Estu­pen­do!

Si ade­más lees que el enga­ño, en una tira­da de pare­ja, pue­de signi­fi­car per­fec­ta­men­te una infi­deli­dad, el asun­to pare­ce resuel­to. Revi­sar el móvil, iden­ti­fi­car a com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo sospecho­sos y, por si aca­so, empe­zar a pen­sar quién se queda con la cafe­te­ra des­pués de la ruptura.

Qui­zá espe­re­mos un momen­to antes de lleg­ar tan lejos.

Por­que «enga­ño» como signi­fi­ca­do del Sie­te de Espa­das no es en abso­lu­to incor­rec­to. Pero tam­po­co es el signi­fi­ca­do del Sie­te de Espa­das. Y jus­to aquí se encuen­tra una de las dife­ren­ci­as ent­re cono­cer los signi­fi­ca­dos de las car­tas y leer real­men­te las cartas.

Una imagen que cuenta una historia

Qui­en conoz­ca el Sie­te de Espa­das del Tarot Rider-Wai­te-Smith pro­ba­blem­en­te ten­drá ense­gui­da una ima­gen bastan­te cla­ra ante los ojos.

Siete de Espadas, Rider-Waite-Smith
Sie­te de Espa­das, Rider-Waite-Smith

Un hombre se ale­ja de un cam­pa­men­to con cin­co espa­das. Dos qued­an atrás. Mien­tras se mar­cha, mira por enci­ma del hombro.

No pare­ce espe­cial­men­te dig­no de confianza.

No es difí­cil ver en esta esce­na a algu­i­en que se ha lle­va­do algo y aho­ra inten­ta esca­par con ello. La astu­cia, la tram­pa, el robo o el enga­ño se impo­nen casi por sí solos como asociaciones.

Pero qui­zá sim­ple­men­te sea más lis­to que los demás. Ha qui­ta­do las armas a su adver­sa­rio antes de que pudie­ra empe­zar siquie­ra el com­ba­te. Enton­ces apa­re­cen otras face­tas tra­di­cio­na­les de la car­ta: astu­cia, una manio­bra inge­ni­o­sa o una hábil estra­ta­gema. Casi como una jugar­re­ta de Till Eulenspiegel.

Así que la pro­pia ima­gen ya per­mi­te más de una historia.

Pero aho­ra la cosa se pone real­men­te inte­res­an­te. Por­que pre­ci­sa­men­te Arthur Edward Wai­te no inter­pre­ta su pro­pio Sie­te de Espa­das como muchos de noso­tros pro­ba­blem­en­te espe­r­a­rí­a­mos hoy.

Waite ni siquiera dice «engaño»

En su Pic­to­ri­al Key to the Tarot, Wai­te empie­za descri­bi­en­do de mane­ra bastan­te sobria la esce­na repre­sen­ta­da: un hombre se lle­va cin­co espa­das, dos qued­an atrás y hay un cam­pa­men­to cer­ca. Ent­re los signi­fi­ca­dos adi­vin­a­to­ri­os men­cio­na des­pués, ent­re otros: plan, inten­to, deseo, espe­ran­za y con­fi­anza en uno mis­mo. Jun­to a ellos apa­re­cen dis­pu­ta, moles­tia y un plan que pod­ría fracasar.

¿Enga­ño? Ni rastro.

Es más: el pro­pio Wai­te reco­no­ce que el signi­fi­ca­do de la car­ta no es ine­quí­vo­co, por­que los signi­fi­ca­dos que se le atri­buy­en difie­ren mucho ent­re sí. Es llama­tivo. Por­que hoy la ima­gen casi pare­ce gri­tar: «¡Está roban­do las espadas!»

Aquí se ve algo que en el Tarot se pasa fácilm­en­te por alto: lo que hoy con­sidera­mos el signi­fi­ca­do evi­den­te de una car­ta no tiene por qué ser ni su úni­co signi­fi­ca­do ni el ori­gi­nal. En el caso del Sie­te de Espa­das, la ima­gen con­di­cio­na tan­to nues­tra per­cep­ción actu­al de la car­ta que las pro­pi­as indi­ca­cio­nes de Wai­te casi resul­tan sor­pren­den­tes a su lado.

¿Y qué ocurre cuando el hombre desaparece por completo?

Esto se ve toda­vía con más cla­ri­dad si retro­ce­de­mos un paso más allá del Tarot Rider-Waite-Smith.

Com­pa­ra­ción de car­tas Rider-Wai­te, Mar­sel­la y Vis­con­ti. Crea­da con ChatGPT.

En el Tarot Vis­con­ti o en el Tarot de Mar­sel­la no hay nin­gún hombre que se mar­che de un cam­pa­men­to con cin­co espa­das. No exis­te siquie­ra una esce­na seme­jan­te. Nos encon­tra­mos ante una car­ta nume­ral sin una ilus­tra­ción nar­ra­ti­va y, con ello, ante una posi­bil­idad com­ple­ta­men­te distin­ta de com­pren­der el Sie­te de Espadas.

En una lec­tu­ra del Tarot de Mar­sel­la basa­da en el núme­ro y el palo, la car­ta repre­sen­ta la prueba nece­sa­ria para alcan­zar un ver­dade­ro cono­ci­mi­en­to. Ent­re su aba­ni­co de signi­fi­ca­dos se encuen­tran la com­pren­sión de las cosas, la cla­ri­dad de pen­sa­mi­en­to y un jui­cio equi­lib­ra­do, pero tam­bién la armonía y la con­cordan­cia. De ahí se des­ar­rollan signi­fi­ca­dos como nue­vos pla­nes, dese­os, valor, per­se­ver­an­cia, espe­ran­za, con­fi­anza, ima­gi­nación o un proyecto.

De nues­tro estafa­dor fur­tivo ya no queda de rep­en­te gran cosa. Y, sin embar­go, segu­i­mos teni­en­do el Sie­te de Espa­das en la mano.


Siete sigue siendo siete y espada sigue siendo espada

Una for­ma de com­pren­der estos signi­fi­ca­dos con­sis­te en no preg­un­t­ar pri­me­ro por una his­to­ria repre­sen­ta­da, sino por el núme­ro y el ele­men­to.

Las Espa­das per­te­n­e­cen al ámbi­to de lo men­tal: pen­sa­mi­en­to, razón, cono­ci­mi­en­to, jui­cio y dis­cer­ni­mi­en­to. El sie­te, por su par­te, se con­side­ra tra­di­cio­nal­men­te un núme­ro armónico.

Cuan­do ambos se encuen­tran, la car­ta pue­de enten­der­se como una prueba men­tal: la razón debe poner­se a prueba fren­te a algo para alcan­zar cono­ci­mi­en­to y un jui­cio equi­lib­ra­do. Así se vuel­ven com­pren­si­bles signi­fi­ca­dos como cla­ri­dad, com­pren­sión, valor, con­fi­anza, per­se­ver­an­cia o un nue­vo plan.

Y de rep­en­te los tér­mi­nos de Wai­te —plan, inten­to, deseo, espe­ran­za y con­fi­anza en uno mis­mo— dejan de resul­t­ar tan enig­má­ti­cos. Es una com­pren­sión de la car­ta muy distin­ta de: Sie­te de Espa­das = engaño.

Pero ¿signi­fi­ca eso que el enga­ño es incor­rec­to? No.

Entonces, ¿qué significado es el correcto?

Sería ten­ta­dor decir: esco­ge sim­ple­men­te el signi­fi­ca­do que te parez­ca cor­rec­to. Pero enton­ces ten­drí­a­mos un pro­ble­ma. Si cada car­ta signi­fi­ca exac­ta­men­te aquello que en ese momen­to pare­ce enca­jar de algún modo, ya no nece­si­ta­mos signi­fi­ca­dos de las car­tas. La car­to­man­cia se vol­ver­ía arbitraria.

Por eso, lo pri­me­ro que resul­ta decisi­vo es qué sis­te­ma estamos ley­en­do real­men­te.

Qui­en tra­ba­je con un Tarot de Mar­sel­la y tome como base el núme­ro, el palo y su pro­pio len­gua­je visu­al no debe­ría intro­du­cir sin más la his­to­ria de un hombre que solo exis­te en la car­ta Rider-Waite-Smith.

A la inver­sa, sería extra­ño fin­gir, al tra­ba­jar con el Tarot Rider-Wai­te-Smith, que care­ce por com­ple­to de importancia que Pame­la Col­man Smith dibu­ja­ra pre­ci­sa­men­te esa escena.

La bara­ja no es un simp­le envolt­orio boni­to para un signi­fi­ca­do fijo. La ima­gen tam­bién hab­la. Y, aun así, ni siquie­ra den­tro de un úni­co sis­te­ma está deci­di­do de ante­ma­no qué signi­fi­ca una car­ta en una tira­da concreta.

Que­dé­mo­nos, por tan­to, con el Tarot Rider-Wai­te-Smith y saque­mos tres veces la mis­ma carta.


Una carta, tres historias

Historia 1: «¿Puedo confiar en él?»

En una rela­ción hay cosas que no cua­dran. Las expli­ca­cio­nes no enca­jan ent­re sí. Se ocul­tan cosas. Qui­zá hace tiem­po que exis­te la impre­sión de que algu­i­en no está jugan­do limpio.

Aho­ra apa­re­ce el Sie­te de Espa­das. Aquí adquie­re un peso con­sidera­ble la face­ta de astu­cia, enga­ño y frau­de. Y sí: en una tira­da de pare­ja, el enga­ño tam­bién pue­de signi­fi­car una infi­deli­dad. Aun así, eso no signi­fi­ca que un úni­co Sie­te de Espa­das demuest­re que exis­te una aventura.

Ent­re «aquí pod­ría haber algo poco sin­ce­ro» y «tu pare­ja se acues­ta con otra per­so­na» hay, al fin y al cabo, una distancia con­sidera­ble. El Tarot no es una cáma­ra de vigilancia.

Historia 2: «¿Cómo salgo de esta situación enquistada?»

Esta vez el Sie­te de Espa­das apa­re­ce como con­se­jo. «Enga­ña a algu­i­en» sería, en este caso, una reco­men­d­ación bastan­te cuestionable.

Pero la car­ta posee tam­bién otra face­ta: astu­cia, inge­nio y una hábil estra­ta­gema.

Qui­zá la con­front­a­ción direc­ta no lle­ve a ningu­na par­te en este momen­to. Qui­zá haga fal­ta un rodeo inte­li­gen­te, una solu­ción ine­spe­ra­da o esa manio­bra hábil con la que nadie con­ta­ba. Al fin y al cabo, Eulen­spie­gel rara vez vence por­que sea más fuer­te que los demás. Les lle­va un pen­sa­mi­en­to de ventaja.

Aquí el Sie­te de Espa­das no invi­ta a men­tir. Más bien pue­de ani­mar­nos a uti­li­zar la cabe­za, bus­car una solu­ción poco habi­tu­al y no ver úni­ca­men­te el cami­no más evidente.

Historia 3: «¿Qué me está bloqueando a mí?»

Aho­ra la car­ta descri­be el pro­pio com­por­ta­mi­en­to. En rea­li­dad hab­ría que tener una con­ver­sa­ción. Hay que tomar una decis­ión. Qui­zá sepa­mos des­de hace tiem­po qué es lo que ya no fun­cio­na. Pero hoy no es un buen momen­to. Maña­na pro­ba­blem­en­te tam­po­co. Y la sema­na que vie­ne segu­ro que Mer­cu­rio está retrógrado.

Aquí apa­re­ce el esca­bul­lir­se. No tene­mos que robar ni enga­ñar a nadie. Qui­zá sim­ple­men­te inten­t­e­mos elu­dir una ver­dad incó­mo­da, una responsa­bil­idad o un paso nece­sa­rio. Esta vez somos noso­tros mis­mos la figu­ra que se esca­bul­le en la carta.

Tres historias, y ninguna es arbitraria

Enga­ño. Una manio­bra inge­ni­o­sa. Esca­bul­lir­se de algo.

Son tres his­to­ri­as bastan­te dife­ren­tes. Sin embar­go, ningu­na se ha inven­ta­do de mane­ra arbi­tra­ria. Todas se mue­ven den­tro del aba­ni­co de signi­fi­ca­dos trans­mit­i­dos por la tra­di­ción y repre­sen­ta­dos en la ima­gen de la car­ta. Y ahí está pre­ci­sa­men­te la dife­ren­cia decisiva.

El con­tex­to no da a una car­ta cual­quier signi­fi­ca­do nue­vo. Nos ayu­da a averi­gu­ar cuál de sus posi­bles signi­fi­ca­dos cor­re­spon­de a esa tirada.

Para eso nece­si­ta­mos algo más que una pala­bra clave.


La pregunta también habla

Hay una dife­ren­cia con­sidera­ble ent­re preguntar:

¿Qué está ocur­ri­en­do ent­re noso­tros? ¿Qué debe­ría saber sob­re su com­por­ta­mi­en­to? ¿Cómo debe­ría actuar?

O:

¿Qué me está blo­que­an­do a mí?

Una car­ta situa­da en una posi­ción sob­re mi pro­pio com­por­ta­mi­en­to debe­ría llev­ar­me pri­me­ro hacia mí mis­mo, y no a bus­car a un estafa­dor ocul­to ent­re las per­so­nas que me rodean.

Como con­se­jo, a su vez, la mis­ma car­ta plan­tea a su aba­ni­co de signi­fi­ca­dos una preg­un­ta distin­ta que cuan­do ocu­pa una posi­ción desti­na­da a un pro­ble­ma o un obstáculo.

La preg­un­ta no cam­bia la car­ta. Pero nos dice qué debe­mos bus­car en ella.


Y además hay otras cartas sobre la mesa

Has­ta aho­ra hemos actua­do como si el Sie­te de Espa­das estu­vie­ra solo sob­re una mesa por lo demás vacía. Eso es bastan­te poco habi­tu­al en la car­to­man­cia. Otras car­tas pue­den refor­z­ar un signi­fi­ca­do, matizar­lo o mostrar con mayor pre­cis­ión a qué se refie­re. Solo de su inter­ac­ción sur­ge un contexto.

Por eso no soy part­ida­rio de hacer una afir­mación lo más espec­ta­cu­lar posi­ble basán­do­se en una úni­ca car­ta llama­ti­va. Un Sie­te de Espa­das no con­vier­te a nadie en infiel. Y una car­ta posi­ti­va a su lado tam­po­co trans­for­ma automá­ti­ca­men­te un enga­ño en una jugar­re­ta de Eulen­spie­gel. Las car­tas tie­nen que leer­se unas con otras.

Entonces, ¿no se puede interpretar cualquier cosa?

No. Y pre­ci­sa­men­te por eso merece la pena apren­der los signi­fi­ca­dos de las car­tas. El Sie­te de Espa­das no signi­fi­ca de rep­en­te feli­ci­dad fami­li­ar, emba­ra­zo o unas vaca­cio­nes rela­ja­das jun­to al mar solo por­que eso enca­ja­ría bien con la pregunta.

Las car­tas poseen un hori­zon­te de signi­fi­ca­do. Este sur­ge de distin­tos niv­eles: del núme­ro y el ele­men­to, de los signi­fi­ca­dos trans­mit­i­dos por la tra­di­ción, del sis­te­ma de Tarot uti­liz­ado, de la ima­gen con­cre­ta de la car­ta y, final­men­te, de la posi­ción de la car­ta den­tro de una tira­da. El con­tex­to no nos per­mi­te aban­do­nar arbi­tra­ria­men­te ese hori­zon­te de signi­fi­ca­do. Nos ayu­da a ori­en­tar­nos den­tro de él.


¿Conocer las cartas o leer las cartas?

Al empe­zar a apren­der Tarot preg­un­ta­mos: «¿Qué signi­fi­ca el Sie­te de Espa­das?» A eso pode­mos respon­der per­fec­ta­men­te: esca­bul­lir­se. Astu­cia y enga­ño. Frau­de. Picar­día. Ingenio.

Sin embar­go, depen­di­en­do de la tra­di­ción en la que nos base­mos, tam­bién for­man par­te de su his­to­ria el plan, el inten­to, la espe­ran­za, la con­fi­anza en uno mis­mo, la com­pren­sión, el valor o la perseverancia.

Por eso, lle­ga un momen­to en que la preg­un­ta deja de ser sufi­ci­en­te. Enton­ces pasa a ser: «¿Qué signi­fi­ca este Sie­te de Espa­das, en esta bara­ja, en esta posi­ción, ante esta preg­un­ta y ent­re estas cartas?»

Sue­na más com­pli­ca­do que: Sie­te de Espa­das = engaño.

Lo es. Pero es jus­to ahí don­de deja­mos de con­sul­t­ar significados.

Y empe­z­a­mos a leer las cartas.

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