¿Muestran realmente sentimientos las cartas del Tarot?

«¿Qué sien­te por mí?» Pro­ba­blem­en­te esta sea una de las preg­un­tas clá­si­cas de cual­quier con­sul­ta de car­to­man­cia. Y, en prin­ci­pio, pare­ce agra­da­blem­en­te sencilla.

Saca­mos una car­ta. Dos de Copas. Muy bien. Amor. Ocho de Copas. Menos bien. Ya no hay sen­ti­mi­ent­os. El Dia­blo. Mucha pasión. ¿Qui­zá incluso el gran amor?

Si fuera tan sen­cil­lo, pro­ba­blem­en­te pod­rí­a­mos apar­tar 73 de las 78 car­tas del Tarot en las tira­das amo­ro­sas y ter­min­a­rí­a­mos bastan­te antes. Por­que el pro­ble­ma empie­za ya en la pro­pia preg­un­ta. ¿Qué que­remos decir real­men­te cuan­do que­remos saber qué «sien­te» alguien?

¿Amor? ¿Ena­mo­r­ami­en­to? ¿Año­ran­za? ¿Atrac­ción sexu­al? ¿Mie­do a per­der a la otra per­so­na? ¿Nece­si­dad de segu­ri­dad? ¿Con­e­xión emo­cio­nal? ¿O la dis­po­si­ción a per­mi­tir y mostrar siquie­ra esos sen­ti­mi­ent­os? En la vida coti­dia­na sole­mos meter todo eso en el mis­mo saco y escri­bir enci­ma SENTIMIENTOS.

En la car­to­man­cia merece la pena mirar un poco más de cerca.


Algunas cartas nos lo ponen agradablemente fácil

Dos de Copas, Rider-Waite-Smith

Tome­mos el Dos de Copas.

Dos per­so­nas están fren­te a fren­te y se ofre­cen mutu­a­men­te sus copas. Sob­re ellas se ent­re­la­zan las ser­pi­en­tes del cadu­ceo y, por enci­ma, apa­re­ce la cabe­za de un león alado.

La pro­pia ima­gen de la car­ta ya con­tiene el encuen­tro y la atrac­ción. Tam­bién el núme­ro y el ele­men­to hab­lan de ello: los opues­tos del dos y la fuer­za de atrac­ción del agua.

Ent­re sus signi­fi­ca­dos están el amor, el ena­mo­r­ami­en­to, la amistad, la unión y la pasión. En el ámbi­to de las rela­cio­nes pue­de repre­sen­tar ena­mo­r­ami­en­to, flir­teo, un inter­cam­bio afec­tuo­so o una reconciliación.

Si apa­re­ce ante la preg­un­ta «¿Qué sien­te por mí?», no tene­mos que hacer gran­des mala­ba­ris­mos para enten­der­la en el pla­no emo­cio­nal. Hay atrac­ción. Hay acer­ca­mi­en­to. Hay una viven­cia de conexión.

Pero incluso aquí con­vie­ne intro­du­cir ya una pri­me­ra limitación.

El Dos de Copas respon­de a la preg­un­ta sob­re los sen­ti­mi­ent­os. Eso no signi­fi­ca que respon­da automá­ti­ca­men­te tam­bién a estas otras: ¿Quie­re una rela­ción? ¿Va a poner­se en cont­ac­to? ¿Es fiel? ¿Aca­ba­re­mos jun­tos? ¿Segui­re­mos feliz­men­te casa­dos duran­te los pró­xi­mos vein­te años?

A una car­ta tam­bién se le pue­de per­mi­tir que respon­da sim­ple­men­te a la preg­un­ta que le hemos hecho.


¿Y qué siente el Rey de Copas?

Rey de Copas, Rider-Waite-Smith

Con el Rey de Copas, la cosa se vuel­ve más interesante.

Por supues­to, tam­bién es una car­ta mar­ca­da­men­te emo­cio­nal. Repre­sen­ta empa­tía, cui­d­ado, pro­fund­i­dad emo­cio­nal, intui­ción, amor y bondad. Su copa está abier­ta hacia arri­ba; la car­ta mues­tra aper­tu­ra y una expre­sión con­sci­en­te de los sen­ti­mi­ent­os. Al mis­mo tiem­po, el rey se sien­ta sob­re una base fir­me por enci­ma del agua en movi­mi­en­to. Tiene acce­so a sus fuerz­as emo­cio­na­les sin qued­ar sim­ple­men­te a mer­ced de ellas.

En el ámbi­to de las rela­cio­nes pue­de seña­lar una eta­pa román­ti­ca y emo­cio­nal en la que se mues­tran los sen­ti­mi­ent­os y se per­mi­ten expe­ri­en­ci­as pro­fund­as. Pero si este rey debe repre­sen­tar sus sen­ti­mi­ent­os, sur­ge una preg­un­ta interesante:

¿Descri­be real­men­te la car­ta solo lo que sien­te esa per­so­na? ¿O nos hab­la tam­bién de cómo mane­ja sus sen­ti­mi­ent­os?

Jus­to aquí es don­de leer las car­tas empie­za a resul­t­ar más inte­res­an­te que limitar­se a tra­du­cir una pala­bra cla­ve. La car­ta pue­de seña­lar pro­fund­i­dad emo­cio­nal. Al mis­mo tiem­po, pue­de descri­bir que algu­i­en per­ci­be con­sci­en­te­men­te sus sen­ti­mi­ent­os, les da espa­cio y es capaz de expres­ar­los. Eso es distin­to de decir simplemente:

Rey de Copas = Te quiere.

Por­que el sen­ti­mi­en­to y la mane­ra de rela­cio­nar­se con ese sen­ti­mi­en­to son ya dos pla­nos diferentes.


¿Qué hacemos con una carta que ni siquiera muestra un sentimiento?

Cua­t­ro de Oros, Rider-Waite-Smith

Y enton­ces apa­re­ce el Cua­t­ro de Oros.

Un hombre sos­tiene una mone­da fuer­te­men­te con­tra sí. Otra descan­sa sob­re su cabe­za y dos están bajo sus pies. Tiene algo. Y, evi­den­te­men­te, no pien­sa despren­der­se de ello.

Los temas fun­da­men­ta­les de la car­ta son afer­rar­se, la bús­queda de segu­ri­dad, el inmo­vi­lis­mo y el mie­do al cam­bio. En el ámbi­to de las rela­cio­nes, de ahí pue­de sur­gir el pro­ver­bi­al afer­ra­mi­en­to: se inten­ta crear segu­ri­dad allí don­de en rea­li­dad haría fal­ta con­fi­anza. Detrás está el mie­do a per­der a la otra persona.

Pero aho­ra resul­ta que esta car­ta apa­re­ce pre­ci­sa­men­te ante la preg­un­ta sob­re lo que sien­te por ti. ¿Qué sien­ten cua­t­ro monedas?

Para empe­zar, nada. Los Oros no per­te­n­e­cen al ele­men­to agua. La car­ta no descri­be ori­gi­nal­men­te amor, año­ran­za ni tris­te­za. Por eso tene­mos que tras­l­a­dar su signi­fi­ca­do bási­co al con­tex­to de la posición.

Qui­zá algu­i­en se afer­re emo­cio­nal­men­te a una con­e­xión. Qui­zá la segu­ri­dad sea espe­cial­men­te importan­te para esa per­so­na. Qui­zá exis­ta mie­do a la pérdi­da. Qui­zá algu­i­en no quie­ra despren­der­se bajo nin­gún con­cep­to de lo que tiene. Todo ello pue­de ser rele­van­te para una preg­un­ta sob­re los sentimientos.

Pero con­ver­tir­lo sin más en «te quie­re, pero tiene mie­do» sería ir de nue­vo un paso más allá de lo que la car­ta real­men­te sos­tiene. El Cua­t­ro de Oros nos mues­tra con mucha cla­ri­dad el afer­rar­se.

Qué es exac­ta­men­te aquello a lo que se afer­ra y por qué ten­drán que mostrar­lo la preg­un­ta, la posi­ción y las demás cartas.


Quien se va, ¿ya no siente nada?

Ocho de Copas, Rider-Waite-Smith

Con el Ocho de Copas ocur­re a menu­do lo contrario.

Una figu­ra deja atrás ocho copas y se mar­cha. Así que está cla­ro: se ale­ja. Ya no hay sentimientos.

Solo que, en rea­li­dad, la car­ta cuen­ta otra cosa.

Las ocho copas no están aban­do­na­das al bor­de del cami­no sin signi­fi­ca­do algu­no. Repre­sen­tan pre­ci­sa­men­te aquello que se deja atrás y a lo que los sen­ti­mi­ent­os toda­vía siguen liga­dos. La part­ida se pro­du­ce por decis­ión pro­pia, pero con­du­ce hacia lo des­co­no­ci­do y resul­ta difí­cil. La car­ta descri­be una despe­di­da con el cora­zón apes­ad­umb­ra­do.

Y con ello nos lle­va a una de las distin­cio­nes más importan­tes en las tira­das amo­ro­sas: ale­jar­se no es lo mis­mo que no sen­tir nada.

Hay per­so­nas que dejan una rela­ción aun­que toda­vía amen. Hay per­so­nas que cort­an el cont­ac­to aun­que algu­i­en siga sien­do importan­te para ellas. Una per­so­na pue­de reco­no­cer que algo no fun­cio­na aun­que su cora­zón con­tinúe afer­ra­do a ello.

Por eso, en una posi­ción de sen­ti­mi­ent­os, el Ocho de Copas pue­de mostrar tris­te­za, decep­ción, sol­tar o el dolo­ro­so movi­mi­en­to emo­cio­nal de ale­jar­se de una con­e­xión. No dice automáticamente:

«Ya no hay nada.»

Al con­tra­rio: una despe­di­da con el cora­zón apes­ad­umb­ra­do pre­su­po­ne que exis­te algo de lo que cues­ta despedirse.


Y los sentimientos intensos son amor. ¿O no?

El Dia­blo (XV), Rider-Waite-Smith

Enton­ces pone­mos El Dia­blo sob­re la mesa.

Aho­ra, al menos, no nos vamos a aburr­ir: pasión. Inst­in­to. Tent­a­ción. Seduc­ción. Una con­e­xión de la que cues­ta muchí­si­mo desprenderse.

En el ámbi­to de las rela­cio­nes, El Dia­blo pue­de pare­cer de lo más exci­tan­te. Al mis­mo tiem­po, la fal­ta de libert­ad, la depen­den­cia, la sumi­sión, el enre­do y las diná­mi­cas des­truc­ti­vas for­man par­te de su aba­ni­co de significados.

En una posi­ción de sen­ti­mi­ent­os, esta car­ta pue­de seña­lar per­fec­ta­men­te una enor­me inten­si­dad. Pero inten­si­dad no es lo mis­mo que amor. Atrac­ción sexu­al no es lo mis­mo que amor. Obse­sión no es lo mis­mo que amor. No poder despren­der­se el uno del otro no es lo mis­mo que una rela­ción sólida.

Y qui­zá ahí se encuent­re pre­ci­sa­men­te una de las ver­dades más incó­mo­das de algu­nas tira­das amo­ro­sas: el sen­ti­mi­en­to más inten­so no tiene por qué ser aquel sob­re el que mejor pueda con­struir­se una relación.


¿Qué preguntamos realmente cuando preguntamos por «sentimientos»?

A estas alt­uras queda cla­ro que nues­tra preg­un­ta ori­gi­nal escon­de much­as cosas bajo una sola pala­bra. Por eso ayu­da distin­guir vari­os planos:

Sen­ti­mi­en­to: ¿Qué sien­te algu­i­en? ¿Afec­to, amor, tris­te­za, año­ran­za, decepción?

Nece­si­dad: ¿Qué nece­si­ta algu­i­en? ¿Cer­canía, segu­ri­dad, libert­ad, reafirmación?

Rela­ción con los sen­ti­mi­ent­os: ¿Pue­de algu­i­en per­ci­bir, per­mi­tir y expre­sar lo que siente?

Inten­ción: ¿Qué quie­re hacer algu­i­en con esta conexión?

Com­por­ta­mi­en­to: ¿Qué hace realmente?

Estos pla­nos pue­den coin­ci­dir. Pero no tie­nen por qué hacer­lo. Y pre­ci­sa­men­te por eso, en las tira­das amo­ro­sas sur­ge tan a menu­do una preg­un­ta como: «Si sien­te algo por mí, ¿por qué no me escribe?»

Por­que los sen­ti­mi­ent­os no man­dan men­sa­jes de Whats­App. Las per­so­nas sí.

Algu­i­en pue­de tener sen­ti­mi­ent­os y, aun así, no actu­ar. Pue­de echar de menos a algu­i­en y, aun así, no poner­se en cont­ac­to. Pue­de sen­tir­se fuer­te­men­te atraí­do y, aun así, no que­rer una rela­ción. Pue­de amar y, aun así, mar­char­se. Y pue­de escri­bir con fre­cuen­cia, flir­tear y que­rer sexo sin que eso impli­que sen­tir un vín­cu­lo emo­cio­nal profundo.

Sen­ti­mi­en­to no es inten­ción. Y la inten­ción, a su vez, es algo distin­to del comportamiento.

Pare­ce evi­den­te. En una tira­da amo­ro­sa se olvi­da con una rapi­dez sorprendente.


Cuando las cartas parecen contradecirse

Ima­gi­ne­mos una peque­ña tira­da. En la posi­ción «Sen­ti­mi­ent­os» apa­re­ce el Dos de Copas. En «Com­por­ta­mi­en­to» apa­re­ce el Ocho de Copas. ¿Una con­tra­dic­ción? En rea­li­dad, no.

La pri­me­ra car­ta pue­de seña­lar acer­ca­mi­en­to emo­cio­nal y con­e­xión. La segun­da mues­tra a una per­so­na que deja atrás algo a lo que su cora­zón sigue ligado.

La his­to­ria pod­ría con­sistir pre­ci­sa­men­te en eso: hay sen­ti­mi­ent­os y, aun así, algu­i­en se marcha.

A la inver­sa, en la posi­ción de los sen­ti­mi­ent­os pod­ría apa­re­cer El Dia­blo y, en la de la inten­ción, el Cua­t­ro de Oros. Enton­ces qui­zá ten­drí­a­mos una fuer­te atrac­ción o un enre­do y, al mis­mo tiem­po, una nece­si­dad de afer­rar­se a lo exis­ten­te y evi­tar cambios.

Ningu­na de las car­tas tiene por qué estar equi­vo­ca­da. Sim­ple­men­te respon­den a preg­un­tas dife­ren­tes. Y de pron­to dejan de contradecirse.


La posición no convierte una carta en un diccionario nuevo

Con el Sie­te de Espa­das hemos vis­to que una car­ta del Tarot posee un hori­zon­te de signi­fi­ca­do y que el con­tex­to nos ayu­da a ori­en­tar­nos den­tro de ese horizonte.

Lo mis­mo ocur­re con una posi­ción de sentimientos.

No pode­mos limitar­nos a poner una eti­que­ta emo­cio­nal a cada signi­fi­ca­do básico.

  • Cua­t­ro de Oros: «Te quie­re, pero tiene mie­do a perderte».
  • Ocho de Espa­das: «Te quie­re, pero no pue­de per­mi­tir­se sen­tir lo que siente».
  • El Ermi­ta­ño: «Te quie­re en secreto».
  • Sie­te de Espa­das: «Te quie­re, pero huye de sus sentimientos».

Si al final todas las car­tas signi­fi­can «Te quie­re, pero…», no hemos hecho una lec­tu­ra espe­cial­men­te dife­ren­cia­da. Hemos encon­tra­do 78 expli­ca­cio­nes distin­tas de por qué la respues­ta que que­rí­a­mos sigue sien­do cor­rec­ta a pesar de la car­ta que ha sal­i­do. Por eso, una posi­ción de sen­ti­mi­ent­os no cam­bia el signi­fi­ca­do bási­co de una carta.

Más bien plan­tea una preg­un­ta a ese significado:

¿Qué par­te de ese signi­fi­ca­do es rele­van­te para el pla­no emo­cio­nal de esta situación?

A veces obte­ne­mos una respues­ta muy direc­ta. A veces obte­ne­mos una acti­tud, una nece­si­dad o un pro­ce­so inter­no. Y a veces qui­zá la car­ta nos mues­tra pre­ci­sa­men­te que nues­tra preg­un­ta estaba for­mu­la­da de mane­ra dema­sia­do imprecisa.


Entonces, ¿muestran sentimientos las cartas del Tarot?

Sí. Pero no todas las car­tas lo hacen de la mis­ma manera.

El Dos de Copas pue­de hab­lar direc­ta­men­te de atrac­ción y ena­mo­r­ami­en­to. El Rey de Copas nos lle­va ade­más a la mane­ra de mane­jar y expre­sar los sen­ti­mi­ent­os. El Cua­t­ro de Oros mues­tra afer­ra­mi­en­to y nece­si­dad de segu­ri­dad. El Ocho de Copas deja cla­ro que una per­so­na pue­de mar­char­se aun­que su cora­zón siga liga­do a algo. Y El Dia­blo nos recuer­da que la inten­si­dad emo­cio­nal o sexu­al dista mucho de ser nece­sa­ria­men­te amor.

Por eso, en algún momen­to, la preg­un­ta más inte­res­an­te deja de ser úni­ca­men­te: «¿Qué sien­te por mí?»
Y qui­zá pasa a ser: «¿Qué sien­te? ¿Cómo mane­ja lo que sien­te? ¿Qué quie­re hacer con ello? ¿Y cómo va a comportarse?»

Son vari­as preg­un­tas. Así que las car­tas tam­bién pue­den dar vari­as respuestas.

Y a veces es pre­ci­sa­men­te en las dife­ren­ci­as ent­re esas respues­tas don­de se encuen­tra la ver­dade­ra historia.

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