Es un estilo de apego que a menudo resulta difícil de comprender, tanto para los demás como para las propias personas que lo viven. El deseo de cercanía está ahí. El anhelo de seguridad también. Y, sin embargo, la dinámica vuelve una y otra vez a transformarse en lo contrario: retraimiento, dudas y, a veces, incluso desconfianza.
Las personas con un estilo de apego desorganizado viven las relaciones de una forma emocionalmente contradictoria. La cercanía significa protección y, al mismo tiempo, peligro. El sistema de apego se encuentra bajo tensión. Se teme aquello que se necesita. Lo que parece familiar puede volverse amenazante de repente. Sus reacciones parecen cambiantes, no porque sean indecisas, sino porque están divididas interiormente.
Entre el deseo y el retraimiento
Es típico oscilar entre la atracción y la huida. A veces se busca la cercanía, incluso de forma intensa; después, el contacto se interrumpe, se enfría o se corta emocionalmente.
Después de un momento afectuoso no es raro que aparezca una mirada escéptica: «¿Y si esto no es real?»
La lógica interna no es contradictoria, sino que está organizada de forma ambivalente. Quien ha aprendido que la cercanía puede estar vinculada al mismo tiempo con el daño guarda ambas cosas juntas: afecto y peligro. Familiaridad e imprevisibilidad.
Corazón caótico
⚡ Cercanía bien. Cercanía peligrosa. Cercanía fuera. Falta cercanía.
- Las relaciones comienzan con intensidad y terminan de forma abrupta o desconcertante.
- La cercanía provoca euforia. Y después, pánico.
- El retraimiento suele llegar justo después de la conexión.
Típico:
«Yo tampoco sé por qué reacciono así».
(En realidad significa: «Nunca aprendí que la cercanía fuera segura»).
No es indecisión: es vivir interiormente en estado de excepción.
Cuando el apego era imprevisible
El estilo desorganizado suele tener sus raíces en experiencias tempranas marcadas por una fuerte ambivalencia o incluso por el trauma. Los padres u otras figuras de apego quizá eran cariñosos, pero al mismo tiempo podían resultar abrumadores, incoherentes o, en determinados momentos, incluso amenazantes.
El niño aprende: la cercanía es necesaria, pero también peligrosa. No desarrolla una brújula clara para el apego, sino un sistema emocional de alarma que nunca llega a desconectarse del todo.
Qué ayuda, paso a paso
El primer paso es reconocerlo: no toda reacción emocional excesiva es «incorrecta». Algunos comportamientos fueron en otro momento esenciales para sobrevivir. Hoy pueden revisarse.
Ayudan las pequeñas experiencias repetidas de fiabilidad, tanto con uno mismo como con los demás. Puede significar hacer un plan y cumplirlo, hablar de los sentimientos aunque parezcan contradictorios y abordar las relaciones conscientemente poco a poco.
El acompañamiento terapéutico también suele ser especialmente valioso en este caso, no porque haya algo «roto», sino porque la seguridad interior a veces solo puede desarrollarse cuando se experimenta dentro de una relación.
El apego se puede aprender
Las personas con un estilo desorganizado no son demasiado complicadas para las relaciones; a menudo, simplemente han pasado demasiado tiempo sin seguridad. Su fortaleza reside en su sensibilidad para las dinámicas, para los matices y para aquello que está presente aunque no se diga.
Cuando la cercanía deja de significar peligro y puede convertirse en relación, surge espacio para la conexión, no a pesar de la profundidad emocional que acompaña a este estilo, sino precisamente gracias a ella.
Imagen de portada: FREEP!K
